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India : últimas fotos
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| India - Rajasthan, Ahmedabad, Mumbai |
India : Adiós con el corazón ...
Con el paso de las semanas, India nos ha gustado cada vez más. A los diez días de viaje teníamos la impresión de llevar ya meses en el país, y nos resultaba difícil comprender como hay gente que se tira viajando por él meses e incluso años. Supongo que terminamos por cogerle el tranquillo al lugar, porque al final de nuestra estancia los comprendíamos mejor : los 43 días que hemos pasado aquí nos han sabido a poco.
Tras Amritsar nos fuimos al Rajastan, estado que se extiende por tierras desérticas en las que abundan los palacios fortificados. Los fuertes se construyeron para resistir todo tipo de ataques por linajes de Maharajas que, como buenos señores feudales, se pasaban la vida guerreando y planeando matrimonios entre ellos y con el imperio mogol. Incluso durante la dominación inglesa se las apañaron para conservar sus privilegios y seguir viviendo hasta mediados del siglo XX a cuerpo de rey, lo que explica que el interior de sus palacios esté bastante bien conservado.
El aspecto exterior de los fuertes es sobrio y macizo, pero detrás de las murallas se esconden calles laberínticas, plazoletas y palacios llenos de patios, corredores, ventanas ciegas desde las que las mujeres podían ver sin ser vistas, baños turcos y muros ricamente esculpidos que le recuerdan a uno las historias de las mil y una noches.
Las ciudades que se levantan alrededor de estos palacios tienen cada una un color predominante que les confiere una cierta armonía : el rosado en el caso de Jaipur, azul en Jodhpur y blanco para Udaipur. Pero la que más me ha gustado de todas es Jaisalmer, en la que las casas están construidas de piedra arenisca que se desdibuja en el desierto que la rodea, y donde las fachadas están esculpidas con tal nivel de detalle que los relieves se asemejan a tallas de madera.
De ciudad en ciudad y entre palacio y palacio, visitamos algunos Havelis (mansiones tradicionales) del siglo XIX, en las que los interiores y el mobiliario de época muestran que los ricos de entonces ya favorecían el estilo disco-psicodélico muchísimo antes de los años 80, nos paseamos por los bazares, fuimos a un par de espectáculos de marionetas y danzas tradicionales y descubrimos la importancia que el turbante y un bigote insigne tienen en la región : el color, longitud y anudado del primero, y la forma del segundo denuncian el estatus, la profesión o incluso la religión de quien los lleva. De la misma manera, el color del sari varia en función de la época del año y del estado civil de la portadora.
Antes de volver a nuestro punto de partida, Mumbai, y con el termómetro rondando los 40 grados y a la alza (porque no es hasta los meses de mayo y junio que las temperaturas se acaban de desbocar del todo), hicimos una última parada en la capital del Gujarat, Ahmedabad. Esta ciudad, aunque principalmente industrial, tiene un museo de textiles antiguos indios que dejaría boquiabierta a toda maruja versada en las artes de la aguja, una visita guiada muy simpática del casco antiguo y el Ashram (lugar de retiro) que fue el cuartel general de Ghandi.
Pero lo mejor de esta ciudad fue la acogida de nuestros anfitriones vía couchsurfing. Al abrirnos las puertas de su casa nos brindaron la ocasión de vivir unos días con una familia india típica en la que los hijos, incluso una vez casados, viven en casa de sus padres con su mujer. La familia entera se deshizo en atenciones con nosotros, al punto que nos llevaron a una boda tradicional, para lo que nos acicalaron con su propia ropa. E incluso dimos una vuelta en sidecar, pilotado por la madre de nuestro anfitrión, Rushir. Una inmersión inolvidable en la hospitalidad india.
Tras otro par de días paseando por Mumbai y en casa de Louella que nos volvió a acoger en su casa, nos despedimos de este país para continuar nuestra ruta. Esperamos volver algún día para visitar lo mucho que nos hemos dejado sin ver, y ese día vendremos con la ropa puesta y las mochilas vacías para poder desvalijar los bazares a nuestras anchas. De momento, nuestro viaje continua y volvemos al sudeste de Asia. En particular, a Tailandia.
Bea
Fotos : Agra, Delhi, Amritsar
Haz click en esta imagen para ver fotos de nuestro recorrido desde Agra hasta la frontera con Pakistán :
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| India - Agra, Delhi, Amritsar |
Casi llegamos a Pakistán.
Desde Khajuraho, y tras un corto viaje nocturno, llegamos a Agra a primera hora de la mañana. Es esta una etapa importante de nuestro recorrido por el norte de India ya que es aquí donde se encuentra el Taj Mahal. Para poder disfrutar de este edificio majestuoso antes de que las hordas diarias de turistas lo tomen de asalto, así como para evitar el calor insoportable que azota a partir de las 10 de la mañana, nos presentamos a hacer cola al alba. De este modo, pudimos estar entre los primeros en entrar, y tengo que reconocer que las vistas justificaron el madrugón.
Los primeros quince días hemos viajado por lugares en los que el hinduismo es prácticamente la única religión visible. La región de Agra nos ha llevado al encuentro de la India musulmana y de la herencia arquitectural dejada por los mongoles a través de los siglos en que dominaron el sub-continente indio. Hoy día, 15% de la población es musulmana mientras que 80% es hindú. De hecho, el islam aquí tiene un cierto deje 'masala' : ciertos ritos que hemos presenciado en las mezquitas me recuerdan más lo que hemos visto en los templos hindúes que lo que se practica en Marruecos.
Nueva Delhi, nuestra siguiente etapa, rebosa de edificios de esta época, como el célebre Fuerte Rojo o la tumba de Humayun. A nuestra llegada a esta ciudad compartimos mesa en un café con un granjero de excursión en la capital para que sus hijos descubrieran el metro (que lleva sólo 4 años en funcionamiento) y que estaban super contentos de conocer a un extranjero, cumpliendo así dos de sus sueños en un sólo día. La primera quincena, los captadores de clientes persiguiéndonos por doquier nos habían vuelto paranoicos. Pero poco a poco, hemos conocido gente maja que incluso comparte su comida contigo en el tren. A menudo, la gente me toma por indio y me habla en hindi o en otras lenguas locales como el Maharati o el Punjabi. Y uno de ellos, cuando le dije que soy marroquí, me preguntó si por casualidad mis padres no eran emigrantes indios.
Delhi, lejos de impresionarnos como Varanasi, nos regaló con una estancia agradable y una variedad de monumentos que van de la época mogol hasta la época de la colonización inglesa. Esta ciudad, a imagen del resto del país, es un lugar lleno de contrastes : las cadenas de comida rápida extranjeras y las tiendas de marca coexisten con bazares en los que el limpiador de oídos está manos a la obra con sus instrumentos de tortura.
Aunque continuamos con nuestro régimen vegetariano, lo dejamos de lado por una vez para probar la cocina de uno de mis tocayos, cuyo restaurante sirve desde hace décadas platos que sus antepasados ya preparaban para los emperadores mogoles. El restaurante “Karim's” es archiconocido y mucha gente viene para degustar la cabra entera rellena y asada. Pero como es un plato que hay que pedir con 24 horas de antelación, nos inclinamos por pollo y brochetas de cordero preparadas a la moda 'Burrah' (marinadas y asadas). Estaba tan bueno que mejor cambio de tema porque lo que escribo me está haciendo salivar. ¡ Estoy deseando que llegue la próxima Aid-el-kabir (fiesta del cordero) !.
Tras Delhi, el tren nos acercó hasta Amritsar, capital espiritual de los Sikhs, que representan menos del 2% de la población pero que saltan a la vista por sus turbantes y su físico imponente. El templo dorado es impresionante con los 750 kg de oro que lo recubren (hasta los ventiladores están placados de oro), el estanque sagrado que lo rodea y el restaurante comunal que sirve gratuitamente más de 60.000 comidas diarias a los peregrinos que vienen del mundo entero. En resumen, una auténtica ciudadela dentro de la ciudad.
La otra curiosidad de Amritsar es, en realidad, Pakistán. Cada día, a la caída de la tarde, tiene lugar una ceremonia, muy popular y de lo más pintoresca, organizada de ambos lados de la frontera para marcar su cierre nocturno. Bajo una apariencia de competición dicharachera se mezclan cantos militares y patrióticos, soldados que se colocan en posiciones de desafío cara al país vecino, mujeres y niños que bailan al son de la música de slumdog-milionnaire, o que se desgañitan gritando eslóganes nacionalistas de cada lado de la frontera. Incluso hay un conductor de ceremonia que anima al público en las gradas a gritar más fuerte que los paquistaníes, que también son animados a hacer lo mismo desde su lado de la frontera.
En tanto que espectador extranjero, te hace gracia al principio, hasta que uno se acuerda de los atentados de Mumbai en 2008 y de los comentarios despectivos sobre los paquistaníes que de vez en cuando hemos oído durante el viaje. Entre estas dos potencias nucleares, ha habido varias guerras que han dejado miles de muertos. En el camino de vuelta, nos preguntábamos como esta ceremonia, en la que se atiza de manera oficial el odio hacia el país vecino, puede tener lugar en la tierra de Ghandi.
Karim
Fotos : Mumbai, Varanasi, Tala, Khajuraho
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| India - Mumbai, Varanasi, Tala, Khajuraho |
India : de tigres esquivos y de Kamasutra
Para llegar a nuestro próximo destino, tomamos el tren, donde descubrimos que en India se es igual de tolerante con las vacas como con las cucarachas, que se paseaban por los vagones como Pedro por su casa. Tras eliminar tres o cuatro y dándonos cuenta de lo imposible de la misión, decidimos aplicar la máxima 'Donde fueres haz lo que vieres' y las dejamos tranquilas. Después de este viaje vamos a estar curados de espanto : ya ni las ratas, ni las cucarachas, ni las vacas sueltas nos estremecen y las salamanquesas que se comen los mosquitos son nuestras mejores amigas. Comer con unos cuantos bichos paseándose al lado o comernos un paquete de galletas de una tienda en la que el dueño acaba de espantar a la tía materna Mickey Mouse delante de nuestras narices no nos quitan el hambre. Como se dice, lo que no mata engorda. Y la comida india está tan sumamente buena que sería un pecado no aventurarse a probarla. Desde que llegamos seguimos prácticamente una dieta vegetariana, en parte porque los restaurantes que sirven carne no abundan y en parte porque es la mejor manera de evitar los problemas intestinales; pero los platos de este tipo son tan ricos y tan variados que no echamos de menos demasiado la chicha. Y el té con leche, especias y una buena dosis de azúcar que sirven es una auténtica delicia.

El tren nos dejó cerca del parque nacional de Bandhavgarh, uno de los lugares en India donde hay más probabilidades de ver tigres en libertad e incluso, si la suerte te sonríe doblemente, algún guepardo. En nuestro caso, aunque hicimos una visita de mañana y otra de tarde, se ve que con la calor rno les apetecía menease. Lo más que vimos fueron huellas y según nuestro guía, el sonido que emite un ciervo cuando se encuentra frente a frente un guepardo. Por suerte, había otros animales menos esquivos como ciervos, jabalíes, zorros o pavos reales que nos amenizaron las horas en el jeep. Esta parte del viaje nos brindó la ocasión de conocer a Franck y Marie, una pareja majísima del sur de Francia, que desde hace años trabaja para una ONG humanitaria y que, como nosotros, ha hecho un paréntesis de unos meses para viajar, aunque en su caso se han concentrado en Asia.

Fue muy interesante hablar con alguien que conoce el día a día del trabajo de una ONG de este tipo, lo que me lleva a hablar de otro aspecto de India que, no por habernos mentalizado antes de venir, resulta menos duro de contemplar : la extrema pobreza de una parte de la población y la falta de higiene general. Resulta chocante que en un país en el que hay dinero y tecnología para enviar misiones a la luna y que cuenta con 3 de las 5 mayores fortunas del mundo, haya todavía tanta miseria. ¡ Si Gandhi levantara la cabeza !.
Siguiente parada : Khajuraho, ciudad conocida por sus templos del siglo X grabados con esculturas, entre otros temas, del Kamasutra. Los templos son espectaculares y las esculturas, todo hay que decirlo, de lo más explícitas y didácticas (para los curiosos, no subiremos nada 'kinky' al blog porque tenemos lectores de tierna edad y no nos parece plan, aunque ya sabemos que las nuevas generaciones no han crecido precisamente con la abeja Maya y Heidi). Si en todo lugar turístico en India hay que soportar estoicamente y aprender a vivir con los vendedores y los captadores de clientes 'independientes' al acecho de turistas que no te dejan visitar tranquilo, aquí se trata de una auténtica plaga. Son tantos y tan insistentes que hasta Karim, que siendo marroquí está vacunado contra ellos, terminó al borde del ataque de nervios. La verdad es que es algo que si vienes a India hay que tomarse con filosofía, so pena de pasarse el viaje renegando y mandando a todo el mundo a Cuenca. Pero lo más chocante es que el 95% de los niños de este pueblo se te acercan y te piden 'chocolate', 'school pen' y 'rupias', algunos son tan pequeños que uno duda que conozcan otras palabras, y si los padres están al lado no dicen nada (mi madre me hubiera arreado un bofetón que me hubiera dolido hasta hoy).

Dejamos esta ciudad con un sentimiento agridulce y nos dirigimos hacia la Meca del turismo en India : Agra y el célebre Taj Mahal.
El tren nos dejó cerca del parque nacional de Bandhavgarh, uno de los lugares en India donde hay más probabilidades de ver tigres en libertad e incluso, si la suerte te sonríe doblemente, algún guepardo. En nuestro caso, aunque hicimos una visita de mañana y otra de tarde, se ve que con la calor rno les apetecía menease. Lo más que vimos fueron huellas y según nuestro guía, el sonido que emite un ciervo cuando se encuentra frente a frente un guepardo. Por suerte, había otros animales menos esquivos como ciervos, jabalíes, zorros o pavos reales que nos amenizaron las horas en el jeep. Esta parte del viaje nos brindó la ocasión de conocer a Franck y Marie, una pareja majísima del sur de Francia, que desde hace años trabaja para una ONG humanitaria y que, como nosotros, ha hecho un paréntesis de unos meses para viajar, aunque en su caso se han concentrado en Asia.
Fue muy interesante hablar con alguien que conoce el día a día del trabajo de una ONG de este tipo, lo que me lleva a hablar de otro aspecto de India que, no por habernos mentalizado antes de venir, resulta menos duro de contemplar : la extrema pobreza de una parte de la población y la falta de higiene general. Resulta chocante que en un país en el que hay dinero y tecnología para enviar misiones a la luna y que cuenta con 3 de las 5 mayores fortunas del mundo, haya todavía tanta miseria. ¡ Si Gandhi levantara la cabeza !.
Siguiente parada : Khajuraho, ciudad conocida por sus templos del siglo X grabados con esculturas, entre otros temas, del Kamasutra. Los templos son espectaculares y las esculturas, todo hay que decirlo, de lo más explícitas y didácticas (para los curiosos, no subiremos nada 'kinky' al blog porque tenemos lectores de tierna edad y no nos parece plan, aunque ya sabemos que las nuevas generaciones no han crecido precisamente con la abeja Maya y Heidi). Si en todo lugar turístico en India hay que soportar estoicamente y aprender a vivir con los vendedores y los captadores de clientes 'independientes' al acecho de turistas que no te dejan visitar tranquilo, aquí se trata de una auténtica plaga. Son tantos y tan insistentes que hasta Karim, que siendo marroquí está vacunado contra ellos, terminó al borde del ataque de nervios. La verdad es que es algo que si vienes a India hay que tomarse con filosofía, so pena de pasarse el viaje renegando y mandando a todo el mundo a Cuenca. Pero lo más chocante es que el 95% de los niños de este pueblo se te acercan y te piden 'chocolate', 'school pen' y 'rupias', algunos son tan pequeños que uno duda que conozcan otras palabras, y si los padres están al lado no dicen nada (mi madre me hubiera arreado un bofetón que me hubiera dolido hasta hoy).
Dejamos esta ciudad con un sentimiento agridulce y nos dirigimos hacia la Meca del turismo en India : Agra y el célebre Taj Mahal.
Zambullida en India, pero no en el Ganges.
Ya estamos en India : que locura de país. Llegamos a Mumbai (ex Bombay) donde pasamos unos días relativamente bucólicos gracias a Louella, una chica encantadora que nos acogió vía couchsurfing. En India no se recibe a medias y madame nos hizo sentir en casa, fue tarde a trabajar por instalarnos e iniciarnos al sistema de transportes de Mumbai e incluso convenció a un amigo para que al día siguiente, a primera hora de la mañana, viniera a buscarnos para llevarnos al parque nacional de la ciudad en el que hay cuevas budistas del siglo X excavadas en la piedra. Incluso su madre, que vive en la vecindad, no paró hasta que pasamos a su casa a desayunar por segunda vez, por si acaso su hija no nos había alimentado lo suficiente.
Después de un par de días amenos en tan agradable compañía, tomamos un vuelo a Varanasi (ex Benarés), una de las ciudades más antiguas del mundo y lugar sagrado y de peregrinaje para los hindúes. Si en Mumbai hay gente para dar y tomar y coger el metro en hora punta en un día cualquiera es peor que hacerlo en Madrid o París en un día de huelga, la impresión de muchedumbre y gentío no es nada comparado con Benarés. La imagen mental que nos habíamos hecho a partir de lo oído y leído sobre India se queda más que corta frente al cuadro al que nos confrontamos al llegar a esta pintoresca ciudad.
Las callejuelas estrechas y laberínticas están engalanadas de boñigas de vaca y otras basuras (debemos haber acumulado suerte para las próximas tres vidas ya que nuestro hotel estaba en una callejuela mal iluminada). Los monos andan por las azoteas, las vacas sueltas se pasean tan panchas por la ciudad comiendo lo que encuentran por ahí, aunque de hecho hay también muchos establos directamente dentro de la zona urbana; por ejemplo, en nuestro restaurante favorito, limpio e higiénico como pocos, situado en un patio que lo protege del mundanal ruido y en el que hay un templo precioso, si te acercas al susodicho templo descubres el muro al lado de la mesa en la que estás comiendo te separa de un establo.
En las calles más anchas hay un tráfico incesante de rickshaws, de bicis, de motos, de coches, de carritos de vendedores y de gente que se sortean los unos a los otros de forma caótica avisando de su paso a golpe de claxon y bocina. Eso sin contar cuando una vaca se tumba tan tranquila en medio de la calle o en un cruce atiborrado de tráfico y todo el mundo la tiene que esquivar (nunca he visto vacas con tanta pachorra ni jamás he pasado tan cerca de los cuernos de una como aquí, pero lo cierto es que como ni se inmutan tampoco es un acto de gran valentía).
Luego están las orillas del Ganges con las piras crematorias, los lavanderos en plena faena, fieles y búfalos bañándose y purificándose en un agua cuyo grado de pureza deja mucho que desear (seguro que yo me desintegraría si me meto dentro), las cabras paseándose por los escalones buscando la sombra o robando los collares de los muertos para comerse las flores. Al pasearse por la ciudad nos cruzamos con peregrinos con la cabeza rapada (tanto hombres como mujeres) caminando en fila, con cortejos funerarios, con señoras en sari, con señores en kurta, dothi u otras vestimentas tradicionales variopintas, con ascetas que llevan el pelo enrollado alrededor de la cabeza meditando, con gente vestida a la occidental y con musulmanas en burka. Pero lo que acabo de dejarnos con la boca abierta fue ver a un naga, un asceta de línea dura, paseándose como Dios le trajo al mundo.
En definitiva, con lo que hemos visto esta primera semana en India, hay para escribir al menos mil artículos. Y es que como dice el eslogan publicitario de India, el país es verdaderamente increíble.
Bea.


